Devolviendo la vida al patrimonio arquitectónico
Los mosaicos y suelos hidráulicos son verdaderas joyas artesanales. Compuestos de cemento pigmentado, fueron muy populares hasta mediados del siglo XX. Hoy en día, encontrar un suelo hidráulico original bajo capas de sintasol o suelos superpuestos es un tesoro, pero suele requerir una restauración delicada.
El reto del suelo hidráulico
A diferencia del mármol o el terrazo, el suelo hidráulico no se puede pulir de forma agresiva. El dibujo (la capa de color) tiene un grosor limitado (generalmente de 3 a 4 milímetros). Un pulido excesivo borraría el diseño para siempre. Además, son suelos extremadamente porosos que absorben fácilmente manchas de grasa, humedad y suciedad.
El proceso de restauración profesional
- Decapado y limpieza profunda: El primer paso es retirar restos de ceras antiguas, pinturas o adhesivos utilizando productos decapantes específicos y maquinaria rotativa con discos suaves.
- Desmanchado: Se aplican tratamientos químicos controlados para extraer las manchas incrustadas en los poros sin dañar los pigmentos originales.
- Micropulido o afinado: Si es necesario, se realiza un pulido muy ligero (afinado) para unificar la textura y eliminar los micro-arañazos superficiales.
- Impermeabilización y sellado: Este es el paso más crucial. Al ser tan poroso, el hidráulico debe sellarse con productos oleofugantes e hidrofugantes que no alteren su color pero que impidan que las manchas penetren.
- Encerado final: Para conseguir ese característico brillo satinado y nutrir la pieza, se aplica cera natural o líquida de alta calidad.
Restaurar un suelo hidráulico requiere conocimiento, paciencia y amor por el oficio. Si tienes uno de estos suelos en Almería y quieres que vuelva a lucir como el primer día, en Pulidos Almeida somos especialistas en su tratamiento.